MATERIA ENGAÑOSA

 

No creas, si me acerco,

que un enjambre de luces bondadosas

te recorre la espalda,

ni aspires el aroma

del beso de mis manos indecentes.

No imagines que giran en tu torso

mil estatuas de sal desmelenadas,

ni pienses que ya has muerto,

que tu cuerpo gravita y eres libre

de este mundo de sombras.

No te engañes:

sólo somos tú y yo,

sobre el suelo tendido

el manto inerte de la soledad.

 

MATERIA INCORPORAL

 

Si mañana me encuentras

no sobre las espinas de cicatrices sonámbulas,

no sobre las culebras del insomnio,

no sobre los pecados incumplidos,

no sobre las cenizas de un “si hubiera”…

Si vienes y me encuentras

sí sobre los reductos de las cosas,

sí bendecida de alas transparentes,

sí diosa, sí niña, sí cascabel con dotes curativas,

sí panacea del centro de la tierra.

Si así, plena de luz,

no pudieras ni verme,

abandona tus ojos,

tus sentidos vitales,

y entra, incorporal, en la floresta

falaz e indiscutible

-coto virgen de caza-

donde reina mi espíritu.

MATERIA INSOBORNABLE

 

“El duro hueso insobornable

el triste hueso adonde no llega nunca el amor”

Vicente Alexandre

 

Pero no siempre habito en mi reino de sombra,

a veces me atavío la piel de transparencia

y salgo de las grutas que excavan mis entrañas.

Así,  sin un quebranto,

me dirijo a la íntima cascada,

frontera de mi reino,

piel de agua, limítrofe

con el río que nace en tu dominio;

y frágil me despeño

por la roca inmutable

adonde no llega nunca la luz,

allí, donde muy levemente rozan

nuestras patrias,

irremediablemente separadas

en ese toque intenso

en el que no distingo el límite al que arribo

y en el que tú comienzas,

zaguán de nuestros cuerpos,

única poza en que así nos adoramos

todo el tiempo posible en el confín

donde tienen su encuentro nuestros seres

antes de regresar a sus reinos prohibidos,

solitarios, de sombra,

donde no llega nunca el amor.

MATERIA INDIVISIBLE

 

Mi cicatriz madura se desgrana

toda vez que desgarro el sueño más profundo

donde siempre regreso

a la desmesurada corza de tus labios.

Allí, donde no somos ya dos seres distintos,

sino materia única,

indivisible núcleo, previo a toda conciencia

de las formas que impiden la más pura unidad.

Como la tierra abierta en esos días

en que se hacen visibles

las implacables líneas divisorias,

mi cicatriz exhala entre mi frente

el aroma de flores que no se creen marchitas.

MATERIA INEXPLICABLE

 

No entiendo la sintáctica de tu silencio cálido,

me confunde el delirio de la caligrafía de tu piel,

velo blanco irrompible

o epidermis mortal de tu ternura.

No consigo ni un día conjugar el pasado

del verbo claudicar,

aunque sí, reconozco, ya conjugo el futuro

-decidida y sin miedo-

del verbo confiar.

Traduzco sin problemas hasta el subordinado

modo con que me aman tus dos ojos.

Pero nunca me pidas

-y eso ya te lo advierto-

que explique con palabras

el sentido inmanente que cruza mi lenguaje

toda vez que te hablo

y en mi voz hay un tono de lumbre inextinguible.

SIN MATERIA

 

Es atrevidamente inabarcable

amarrarme al vapor de tu presencia

aunque estés con tu alma gravitando

ligero y sin materia, por los planos del sueño.

Es tu respiración en esta noche

como un libro sagrado cuando la fe es un bálsamo,

y tu descanso llueve

sobre la tierra fértil de tu espalda,

su perfume me trae

una paz que conquista mis tarántulas ebrias.

Muy lentamente me despojo

de las húmedas capas que cargué por el día,

y me tiendo rendida en este buque

sin capitán ni brújula, sin luna ni bandera,

los remos extraviados en la noche,

inconsciente, contigo, a la deriva.