Hoy voy a compartir algunos de los ejercicios con los que hemos experimentado en los inicios del taller. Uno de los primeros fue el inventario caótico.

Se trata de un ejercicio para utilizar los 5 sentidos en la escritura. Consiste en hacer una lista de 5 cosas (mínimo) que te gustan y 5 que no te gustan, pero intentando priorizar los sentidos del oído, el gusto, el tacto y el olfato por encima de la vista, es decir, expresar cosas que te gusta o no te gusta oler, escuchar, tocar u oler, puesto que siempre hablamos mucho más de lo que vemos, y olvidamos los otros sentidos que hacen que el texto sea más vívido.

A la hora de hacer el ejercicio hay que intentar ser lo más concreto posible (en vez de me gusta el olor de la comida, decir me gusta el olor del comino cuando se mezcla con las patatas hirviendo) e intentar que sea lo más personal posible, que exprese tu forma única de ser y de sentir. También es importante mezclar mucho los sentidos y pasar de una cosa a otra bien diferente, por eso se llaman inventarios “caóticos”, puesto que esa variedad y cambios bruscos hacen disfrutar al lector.

Un ejemplo muy conocido es el inventario caótico de Manuel Vicenct, que puedes consultar en este enlace donde se ahonda más en este tipo de ejercicios.

Os dejo el inventario que hice el otro día en el taller:

Me gusta el último violeta que se confunde con la noche,

me gusta la molienda del trigo sarraceno que, sobre la esfera de la sartén, se convierte en el primer sol de mi día,

me gusta la seda salvaje de tu piel

y las canciones lentas que, de tanta tristeza, producen alegría,

como me gusta el olor a almizcle de ballena que venden los árabes en los zocos de Tánger.

No me gustan las baldosas con las líneas muy juntas que me obligan a pisarlas

ni las perchas colgadas con los ganchos enfrentados, como si no se hablaran.

odio los gritos con todas mis fuerzas,

no soporto a la gente que se pone y se quita la sonrisa como si fuera un abalorio de carnaval

ni aguanto aquellos días en que no me acompaña la escritura.